#94 / NEGRITUD: Recordando a Alfonso López Domínguez

#92 / El testimonio de Eduardo Useta, guitarrista de Tótem. Conversación telefónica San Antonio, Texas-Maldonado, Uruguay, a fines de enero de 2017.

Totem

Fotos de la contraportada del primer disco de Tótem.

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Segunda formación de Tótem, con Santiago Ameijenda (batería) en reemplazo de Galletti.

¿Cómo lo conoció a López Domínguez?

Nos vio a actuar y se ofreció para tratar de ser manager nuestro. Él aceptó las condiciones que yo le di (básicamente, que hiciera lo que yo le dijera) y empezamos a trabajar juntos. Ahí empezó la historia, muy fácil y limpia, muy natural.

El Flaco menciona que los conoció en uno de esos festivales que se hicieron en el interior del país, y estoy tratando de averiguar bien la fecha. El Pájaro Canzani, tengo entendido, ganó la edición de 1971…

En realidad, no me acuerdo si fue ahí que lo conocimos. Puede ser que nos hayamos conocido cuando debutamos en el anfiteatro que tiene Paysandú.

El primero de Tótem salió en 1971, ¿no?

No. Salió a fines de 1970. Pero ya estaba grabado desde fines del ’69. Lo teníamos guardado porque yo pensaba que no era el momento para sacarlo. Justo había llegado la temporada de verano en Montevideo y no era el momento para lanzar un disco de una banda que nadie conocía. Yo formé el grupo con gente experimentada, pero nunca habíamos tocado juntos. Siempre dije que el Tótem se formó por la necesidad de tener un trabajo estable, seguro y haciendo lo que uno realmente quería, que es lo que me propuse siempre.

OK, entonces la gran culminación del primero de esos festivales, creo que sucedió en el Parque Harriague de Salto.

Sí, puede ser. Yo no me acuerdo bien, pero sí tocamos como broche de oro de la fiesta, y después fuimos viajando. Tocamos en Durazno y después volvemos a Montevideo, sin haber tocado nunca en Montevideo. Recién lo hicimos a mediados del ’70, principio del ’71, lo hicimos en El Galpón, en la calle 18 de Julio, junto al grupo de tango Camerata [de Tango]. Ésa fue la primera tocada que tuvo Tótem en Montevideo. Además, nunca tocamos en vivo en la TV de Montevideo. Nomás hicimos un clip para el Canal 4, pero ese clip desapareció. Sí actuamos [en TV] en Buenos Aires, pero no en Montevideo.

Ya hablaremos de BA Rock… Volviendo a esos festivales beat: ¿Podemos decir que tuvieron lugar a fines de los ’60?

No. La primera vez que tocamos fue en el Parque Harriague de Salto. Salimos de Montevideo en ferrocarril en una Noche Buena y llegamos en Navidad, ensayando al otro día. Fue por esa época.

¿’69?

No, ’70. Y ahí se acopló López Domínguez.

Ah, pero ustedes ya habían grabado antes de tocar en vivo.

Sí, sí, sí… El vinilo ya estaba listo, con carátula y todo.

Totem - Dedos

De la Planta era un sello en Montevideo que era filial del sello argentino Trova que nos tenía a nosotros, a Zitarrosa, toda gente en ese momento importante, un sello muy exquisito. Optamos por no lanzar el disco cuando estaba grabado sino cuando era el momento propicio, que fue cuando hicimos el recital en el Teatro El Galpón.

¿Eso fue decisión del grupo o de López Domínguez?

López Domínguez siempre hizo lo que yo le dije. Ésa fue una de las razones fundamentales para que él fuera un “séptimo Tótem”. Él ganaba igual que nosotros pero con la condición de que yo le decía todo lo que tenía que hacer.

Sí, eso fue confirmado por él.

Ésa fue la primera condición. Él resultó ser un buen manager que se hizo al lado mío, digamos. En todos mis emprendimientos, siempre he tenido buen ojo, buena vista, un don, no sé, para… Yo tuve un negocio en Montevideo, Preludio, en el año ’84, antes de que cayera la dictadura, hasta el 2001. Era un café concert donde yo tocaba con Manolo Guardia, y siempre lo manejé hasta el 2001, cuando estaba muy cansado.

López Domínguez dijo que, en un momento, usted dijo “Si este tipo pudo manejar a 350 tipos en los festivales, nos puede manejar a nosotros seis”…

Yo no lo dije textualmente así. Pero, cuando él se presenta ante nosotros, yo le dije: “Nosotros no tenemos manager, pero somos músicos con una trayectoria de más de 10 años. Para hacer algo en Uruguay, hay que hacerlo muy seriamente, full-time. No podemos decir, ‘Toco el sábado y el domingo y durante la semana no hago nada, ni ensayo, ni toco’. Entonces, teníamos todo programado. Él era muy buen manager porque cumplía a rajatabla lo que yo le decía. Ésa es la verdad. Y creo que él siempre dijo eso.

López Domínguez, en su reportaje con Fernando Peláez (y en una conversación perdida que tuvo conmigo) confirmó todo lo que me dijo usted: que él no sabía nada de cómo ser manager y aprendió todo gracias a usted. Pero después, me imagino, y especialmente cuando se largó solo con Psiglo, habrá aprendido algo e hizo sus propios aportes, ¿no? Sin embargo, ni él ni usted han recibido, me parece, el reconocimiento que se merecen.

Esas cosas nunca me interesaron. Siempre fui más bien de perfil bajo. Hace poco recibí un reconocimiento de la Fundación Morosoli [sic]. Lo recibí y lo agradecí, pero no me gusta mucho estar ahí en la [ininteligible]. Igual, sigo grabando y haciendo lo mío.

López Domínguez un día me mostró un manuscrito que estaba preparando sobre historias de Tótem, y hubo una que me quedó grabada en la memoria. Era un capítulo llamado “El día que le afeitaron las tumbadoras a Chichito”. ¿Se acuerda de ese incidente?

Ah, sí… Eso es verdad.

¡Explíqueme qué fue eso!

Eso pasó al principio, cuando ensayábamos en una zona de Carrasco que tenía muchos negocios. Chichito tenía un problema con las tumbadoras y estaba buscando un tipo de parches que no se encontraban. Entonces no sé quién le recomendó que le pusiera cuero de vaca, con pelo y todo. La puso y, al rato, Chichito dice: “Pero esto no suena a nada”. Y yo le digo a la pasada, “Es que tenés que afeitarla primero”. Chichito se lo tomó a pecho y al otro día se afeitó las tumbadoras. Nunca sonaron bien sus tumbadoras. Con el tiempo pudimos conseguir buenos parches, pero al principio sonaban mal.

Me imagino que tendrá historias como para un libro…

¡Y lo voy a hacer! El libro se llamará Eduardo “Tótem” Useta: Declaración jurada. Todo lo que voy a decir ahí es una declaración jurada que hago. Ahí voy a contar lo de las tumbadoras, desacuerdos, acuerdos, el porqué de los por qué. Le puse “declaración jurada” para que quede claro que no son inventos. Es un libro que yo me debo.

Entonces le voy a respetar la primicia y no le preguntaré demasiado sobre esas anécdotas, para no arruinarle el libro… Lo que sí le voy a preguntar es por qué, en un momento, Rada, Lagarde y López Domínguez se fueron de Tótem.

Bueno, eso fue un problema que va a despertar mucha polémica. Se fueron por… Mire: le voy a decir todo con una frase: por cobardes, se fueron. Por querer tener el futuro asegurado y no arriesgarse. Eso lo voy a contar en detalle en el libro. Pero yo no guardo rencores. Yo sigo grabando y tocando con Rada y Lagarde, y si viviera el Flaco sería amigo de él igual.

Él tampoco guardaba rencores, todo lo contrario. Incluso dijo que la formación del tercer disco sonaba mejor que la primera. ¿Cómo sonaba el Tótem sin ellos?

Para el tercer disco yo había incorporado a Paolini, músico argentino que tocaba la flauta y el saxo tenor, y también invité a tocar a un amigo mío uruguayo, Giordano. Entonces aparecieron los arreglos para instrumentos de vientos y otra forma de tocar, pero el sentido era el mismo. [Lagarde, Rada y Chichito] se separaron, formaron Gula Matari y a los 20 días o un mes tuvieron que separarse porque no era lo mismo. Y yo seguí hasta que llegó el golpe de estado y me tuve que ir, como todo el mundo. En el libro voy a dar más detalles, pero te lo sintetizo simplemente con la palabra “cobardía”. A los seres humanos les pasan cosas así en la vida, malas decisiones; y como yo no tengo nada que mentir, voy a decir verdades, nada más. Al que le guste, le guste y el que se ofenda que se ofenda.

Tótem tenía un fuerte sentido de la ética, incluyendo todo el tema de los contratos con AUDEM, pero eso también les causó algunos problemas con músicos que, según López Domínguez, estaban dispuestos a cobrar menos. ¿Puede comentarme algo al respecto?

No, nosotros lo que hacíamos era cumplir con los estatutos que tenía AUDEM, declarábamos los bailes, aportábamos el porcentaje que nos correspondía y más nada. Yo nunca tuve problemas con nadie y no creo que López Domínguez los haya tenido. Y si los tuvo, a mí no me lo contó nunca y yo no lo supe nunca. El Tótem era un grupo que arrastraba mucho público y, como arrastraba mucho público, de repente algún grupo se sintió desplazado, no sé. Acá en Uruguay hubo un DJ que dijo: “La música uruguaya es antes y después de Tótem”. Rubén Castillo se llamaba, muy conocido en el ambiente, fallecido ya. Eso lo dijo él el día que tocamos por primera vez en el [Teatro] Solís. Yo lo podría decir, como se dice tantas veces, “Oh, conseguimos este sonido porque estuvimos hurgando…” No, le voy a decir la verdad: nosotros no buscamos ningún sonido, salió solo, porque teníamos una forma de ver la música muy parecida, pero por separado, y cuando nos juntamos salió eso. Incluso hasta me lo dijeron en Venezuela y Europa: “El sonido de Tótem es inconfundible”.

¿Cómo podría resumir el paso de Alfonso López Domínguez por la música uruguaya?

Tuvo la misma importancia que tuvo Tótem. Él trabajó sobre la base de lo que se hacía en Tótem. Lo que pasa es que, en ese momento, no existían fotocopias, era todo a pulmón e hicimos marketing de otra forma, y eso fue lo que aprendió López Domínguez con nosotros, sobre todo conmigo. Ya le digo: yo soy de perfil bajo, pero Tótem soy yo. Ya lo reconoció Rada en el libro de Peláez: “Si Useta no hubiese estado en Tótem, el Tótem no hubiese existido”. Y López Domínguez fue fundamental y yo lo respeté muchísimo porque era una persona muy inteligente que aprendía todo enseguida y estábamos en contacto todo el tiempo, con conversaciones a las 3 o 4 de la mañana. De repente me llamaba por teléfono y hablábamos de algo que iba a pasar al mes siguiente, si íbamos a invitar al intendente tal, o al comisario de tal lado, porque queríamos que fuese una movida grande, y teníamos pancartas hechas. López Domínguez se iba un día antes y las colgaba él mismo en el pueblo o ciudad, de vereda a vereda; todo eso lo hacíamos nosotros, nadie más lo hacía en esa época. Ya teníamos programado cuándo llegábamos a cada pueblo, con qué canal de televisión teníamos entrevistas en vivo, en el lugar que fuéramos. En ese momento lo hacíamos a puro pulmón, no como ahora, que uno toca una tecla y se comunica con Japón. Si el Tótem existiera hoy, podríamos estar todos llenos de plata. Pero llenos, llenos de plata. ¿Usted lo conoció a Renny Ottolina?

No en persona, pero sé de quién me habla.

Era un venezolano [conductor y productor de exitosos programas] de televisión y llegó a ser candidato a Presidente, y en una campaña que hizo en la Isla de Margarita, lo bajaron de un balazo, iba en helicóptero. [La historia oficial es que murió cuando se estrelló la avioneta en la que viajaba el 16 de marzo de 1978] Él era una especie de zar de la música que dijo “[Tótem] es para estar en EE. UU. al tope a los 15 días de empezar”. Ése fue un poco el porqué de la separación. Yo no se lo cuento más porque si no… Pero por ahí empieza la cosa.

Después de que se fuera del grupo, ¿cómo fue su relación con López Domínguez? ¿Se alejaron o siguieron hablando?

No, no nos alejamos, pero todo pasó al borde del golpe de Estado en Uruguay, y todo le proceso de separación se dio en uno o dos meses, no más. En ese lapso no nos comunicamos y yo estaba preocupado, ocupado con la edición del tercer disco, ya tenía compromiso con el sello, tenía que hacerlo y lo hice, y sonó muy bien. Después me fui del país, como se fue Rada y se fueron otros más. Algunos se quedaron. El gordo Rey, que era la guitarra rítmica, se fue a Venezuela, yo me fui a Italia unos años y después a Venezuela y después volví a Uruguay. Al tiempo volví a grabar con Rada, porque yo no me fui peleado ni ofendido ni rencoroso con ninguno. Lo que sí, quiero dejar escrito todas las verdades que hay y sé que nadie me las va a poder contrarrestar, porque son verdades. Están distorsionadas porque llegan versiones distintas. Yo he escuchado músicos uruguayos decir que tocaron en Tótem. En Tótem solamente tocó esa gente [que está en los discos]. “No, pero yo toqué en el baile tal”. ¿En qué baile tocaste? ¿Yo no estaba? Todas esas cosas que se hablan y se dicen, peleas, cuando yo sé que nunca hubo peleas. Además, todos los muchachos entendían que las cosas caminaban muy bien y se respetaban mucho los cachets y no se hacían concesiones. Y eso también con la ayuda de López Domínguez, que era muy eficaz en todo eso. Por eso yo siempre lo respeté mucho al Flaco. Para mí, el Flaco fue siempre un tipo sensacional.

Hoy en día, cuando se venden tan pocos discos, los músicos sólo pueden sobrevivir si tocan seguido (y si les pagan). Tótem tenía éxito comercial pero, a diferencia de lo que haría un grupo hoy, no tocaban tan seguido: tocaban solamente cuando tenían que tocar. Como que la propuesta artística siempre estaba primero.

Nosotros no tocábamos por tocar o nomás para cumplir una fecha. Por ejemplo, si un día íbamos a Paysandú, pensaba que no podíamos volver a Paysandú por uno o dos meses porque, a mi entender, era quemar la plaza. Teníamos tres o cuatro bailes por sábado y domingo, y entre semana teníamos actuaciones de mucho volumen. Ése es un error que hace la gente: cuando algo funciona, lo tiene ahí por 15 días, 20 días. Son políticas distintas. Por algo la gente todavía reconoce a Tótem después de 40 años, o 50, casi. No se recuerda a otros grupos de la manera en que se recuerda a Tótem.

Y los discos de Tótem suenan como Gardel: cada día mejor, especialmente el primero.

Eso fue casual, también. Una particularidad del grupo era que sonaba tan bien en vivo como en el disco. Ésa era la gran diferencia que había con otros grupos. Nosotros grabábamos en Buenos Aires, que es como si hoy fuésemos a grabar a Japón. Ir a grabar a Buenos Aires era el sueño del pibe. Recién ahora en Uruguay se está grabando bastante bien. Bastante bien. Ahora somos competitivos. Pero, al principio, el sonido que se sacaba acá era horrible, horrible, horrible. Era el momento, también, ¿no?

Ustedes fueron, si mis datos son correctos, la primera banda de rock, o “candombe-beat”, en tocar en el Solís…

Sí. El Solís nunca había estado abierto a la música popular. Era solamente para la “música culta”, que era algo impenetrable. Entonces, tocamos en el Solís y quedaron por lo menos 3,000 personas afuera y el Solís lleno, que eran 1,800 butacas, incluyendo palcos, y tuvimos que hacer tres días seguidos del Solís. Lo más grande que hizo el Tótem fue eso. Ahora tocan las murgas, toca todo el mundo ahí, ahora se ha desvirtuado. Es otra onda; cambió el mundo y cambiaron las cosas. En ese momento no, y nosotros tuvimos la suerte de ser los primeros. Eso lo tengo bien clarito, y López Domínguez también lo tenía bien clarito.

¿Usted dijo que tocaron tres días seguidos en el Solís?

Dos días seguidos y uno salteado.

Oh… Porque la manera en la que López Domínguez lo recordó, es que después de la primera función, el encargado del teatro quedó tan entusiasmado que le ofreció a Tótem tocar ahí cuantas veces quisieran, poniendo el teatro a su disposición. López Domínguez dijo que su respuesta fue que “no vinimos acá a poner una obra en cartel, como un acto de variedades”, o algo así, y que ésa fue la única presentación del grupo en el Solís. Y para la gente que quedó afuera, el Flaco hizo un arreglo con La Kabaña para que esa misma noche, después del show del Solís, el grupo tocara gratis en La Kabaña y la gente no pagara entrada. Pero que ése fue el único concierto en el Solís. ¿Le falló la memoria a López Domínguez?

Yo no recuerdo eso, en realidad, pero puede ser. La Kabaña era en el Club Montevideo de básquetbol y tocábamos todos los domingos, era un baile importante en ese momento. No dudo de la palabra de López Domínguez si la dijo, pero no creo que haya sido el mismo día. Y que hayamos tocado gratis tampoco, eso no lo creo. Yo era muy cuidadoso con todas esas cosas porque sabía cómo era y es mi país. Y le voy a decir más: López Domínguez era un séptimo Tótem. Él ganaba lo mismo que nosotros, no ganaba porcentajes. Éramos una cooperativa. No creo que las cosas hayan sido exactamente como las dijo López Domínguez, pero quizás sí. Yo siempre lo respeté y aprecié mucho a él. Siempre fue un tipo importantísimo para el grupo.

¿Cuál era la relación de López Domínguez con el dinero? Cuando yo lo conocí, nunca tenía un peso, pese a tener un trabajo en ANCAP y trabajar en eventos importantes.

Yo no sé cuál era la relación de él con el dinero, pero le voy a decir una cosa: Rada tampoco tenía un mango en el bolsillo, ni ahora lo tiene. [López Domínguez] trabajaba en ANCAP mientras trabajaba con nosotros, tenía ciertas libertades para hacer ambas cosas. Son personas que gastan la plata. Ahora, yo no sé lo que hacía López Domínguez con el dinero, nunca me metí en su vida personal. El me daba el papelito, cobraba su parte y después no sé lo que hacía con la plata. Durante el tiempo que existió el grupo se ganó buen dinero, pero lo que hacía él con la plata, no sé. Se la gastaría en… caramelos, yo qué sé. [se ríe] Siempre fui muy respetuoso con eso, nunca me gustó preguntar nada. Lo único que te puedo decir es que él era muy desprolijo como persona. No sé si se bañaba todos los días o no se bañaba, pero cuando tenía que hablar con alguien en representación del grupo, yo le mandaba, yo, hablaba con la tintorería Regia, le mandaba limpiar el traje y la camisa, y le mandaba a lustrar los zapatos. Lo voy a decir en el libro, es una exclusiva que tenés. Yo le decía: “López, vos no podés ir a hablar con Fulano de esa manera”, ¿ta? Él decía “Tenés razón, pero yo ahora ando medio corto de plata” o “no tengo tiempo”. “Dejá, yo me ocupo. Vos dejá la ropa en tal lado y la tintorería te hace la ropa en 24 horas y vas como la gente”. Y eso lo hacía. Yo en el libro voy a contar ésa y otras verdades del grupo, porque no quiero que nadie cuente mentiras sobre Tótem y sobre el Flaco. Por suerte, por lo general se hablan cosas buenas y, después de tanto tiempo, la gente sigue hablando de Tótem. Quiere decir que el grupo fue algo realmente importante, no algo inventado. Yo me encuentro con gente en España, Argentina, Uruguay, que recuerda al grupo y me asocian a mí con él por el apellido. Porque mi apellido es especial, es una sigla, no es un apellido, “U-Z”, somos muy pocos Useta en el mundo.

Una cosa que siempre me fascinó de López Domínguez era su habilidad para trabajar con gente cuyas ideas políticas eran, en buena medida, opuestas a las de él. Como que siempre puso al arte por encima de todo. 

El padre de él fue diputado, López Toledo, del Partido Colorado, no me acuerdo de qué sector…

Era batllista.

Era batllista, sí. Y fue una figura importante dentro de la política uruguaya. Y a Alfonso sólo le interesaba la música y hacer un buen trabajo, y yo soy igual. Tengo 76 años y sigo pensando en hacer cosas divertidas hasta que pueda. Todavía tengo vitalidad.

Me pone muy feliz… Yo tengo 53 y ya estoy pensando en el retiro…

Noooo… Yo te voy a decir una cosa: Si a vos te gusta la música, es lo mejor que podés hacer. La música me fortalece el alma y me sigue dando ganas de hacer cosas.

Hábleme un poco de BA Rock. ¿Cómo recuerda esa primera presentación? ¿Fue tan jodido como se dice o la gente exagera?

Uuuuh… Eso fue una tragedia. Tragedia no, pero [Osvaldo Daniel] Ripoll, que era el director de la revista Pelo, nos invitó a tocar ahí. Estaban los mejores grupos argentinos: Almendra, Santaolalla con Arco Iris, toda esa gente. Era en el Velódromo de Buenos Aires y estaba lleno de gente con pancartas que apoyaban a esos grupos. Yo tuve un pequeño problema con el organizador, que era Ripoll, que me había prometido a mí una equipación para que nosotros no tuviéramos que llevar nada. No podíamos sonar peor que Almendra y Arco Iris, que eran grupos que sonaban muy bien. “Yo te prometo que van a tocar con los mismos equipos de ellos”, dijo. Cuando subimos al escenario, no había nada: sólo habían dejado una caja chiquita, no sé, 10 watts de potencia. Y ahí se arma un lío bárbaro. Te podrás imaginar. Hubo un impasse como de una hora hasta que empezaron a llegar algunos equipos. Ripoll se empezó a sentir, digamos, culpable y empezó a buscar equipos. Mientras tanto, la tribuna ardía. Nos gritaban “¡Uruguayos muertos de hambre!” Nos tiraban con cosas, con botellas. Fue un despelote total.

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Tótem en B.A. Rock, Buenos Aires, 1971. (Foto: Revista Pelo)

¿Pero eso fue antes de empezar a tocar?

Antes, durante y después. Después del tercer tema se callaron, porque se dieron cuenta que estaban escuchando algo que no habían escuchado nunca.

El tiempo puso todo en su lugar. No sólo por Rada, pero los que saben, entienden la importancia y el valor de Tótem.

Saben, sí, perfectamente. Yo voy seguido a grabar a Buenos Aires y me encuentro con amigos de esa época. A Santaolalla lo vi hace poco, estuvimos hablando horas, hacía tiempo que no nos veíamos. Son momentos, era normal que pasar eso. La música argentina en ese momento estaba muy radicalizada. Llegamos nosotros, con el apoyo de la revista Pelo y toda esa cosa… es como en el fútbol: va un equipo uruguayo y lo van a chiflar de entrada, hay una rivalidad. Pero por suerte no pasó más nada, porque también nos podrían haber lastimado.

En la siguiente página: el testimonio de Fernando Cabrera.

2 thoughts on “#94 / NEGRITUD: Recordando a Alfonso López Domínguez

  1. me emociono mucho el articulo, tuve la gran suerte de conocer al “flaco”
    me trajo muchos recuerdos lindos, fue un buen amigo y gran consejero
    saludos desde Uruguay.

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